Caso Juana Barraza Samperio: La Mataviejitas

Sombras de una asesina: la Mataviejitas

“Corazón de acero tengo

 culpa de tu amor que me engaño,

corazón de acero tengo yo

porque tú amor me olvido” 

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No sé por qué pero cuando escucho a la Sonora Santanera se me viene a la mente la famosa señora de cabello “Rojo Loreal”, (así la describe J. M. Servín en su libro DF Confidencial), aquella mujer que pasó a formar parte de la lista de archivos históricos de México, no como una distinguida política, ni como una dama revolucionaria, mucho menos como una heroína de nuestro querida patria… sino como la más famosa asesina serial que ha tenido la Ciudad de México en los últimos años.

Postrada en el piso, se encontraba el cadáver de una mujer de edad avanzada. El olor a descomposición comenzaba a traspasar las paredes de una casa en la colonia Moctezuma. En un momento inesperado, un hombre entró a la casa, sin saber que su casera se encontraba sin vida, estrangulada por un estetoscopio, mismo que dejó un color violáceo alrededor del cuello por la fuerza con la que su verdugo la había asesinado. Cuando el hombre se percató de lo sucedido, de inmediato salió a prisa detrás de la corpulenta señora que vio salir momentos antes entrar a la escena del crimen. “Hey, deténgase señora” gritaba Joel López en el instante que perseguía a la presunta asesina en medio de las calles.  Joel sudaba del esfuerzo hecho por darle alcancé a la señora de 48 años. Corría y corría cuando de pronto vio a unos policías que se percataron de la persecución y decidieron apoyarlo. Aún entre forcejeos, la señora fue detenida por los policías y subida a una patrulla para ser remitida a las autoridades por sospecho de asesinato.

El sonido del teléfono se hizo presente en las oficinas de la Secretaria de Seguridad Pública del Distrito Federal, dirigido al señor secretario. “Inmediatamente voy para allá” contestó Joel Ortega. El trayecto fue corto pero la intriga fue mayor. Sólo bastaron de doce minutos aproximadamente para que el señor secretario llegará al lugar donde le habían reportado la custodia de una mujer con rasgos muy parecidos al busto mostrado a los medios de comunicación hace unos meses, el cual reflejaba la mezcla de los retratos hablados de la asesina serial de mujeres de la tercera edad.  Joel bajo de su automóvil, dirigiéndose apresuradamente al lugar donde estaba arrestada la sospechosa, nunca imaginándose que se encontraba ante una asesina serial de nombre…

Juana Barraza Samperio

¿Usted mato a aquella mujer?

Eso lo sabrán cuando haga mi declaración

¿Es usted la Mataviejitas?

Los flashazos de las cámaras impactaban continuamente en el rostro de Juana. La mujer se mostraba relajada al momento de ser interrogada por los medios de comunicación. Su cara era cubierta en ocasiones por un saco rojo, no dejando ver la mirada perdida que aquella mujer. Su apariencia denotaba rasgos parecidos a la de un hombre, con el cabello corto, complexión robusta, de estatura retadora y rasgos toscos.

El morbo de la gente no se dejó esperar, mucho menos cuando el rumor que la Mataviejitas había sido capturada, dejando ver en unos minutos, un gran tumulto alrededor de la patrulla donde la tenían detenida. Muchos curiosos asomaban sus cabezas y se empujaban para ver a la mujer que había tenido en jaque durante mucho tiempo a la policía y los medios de comunicación por la serie de asesinatos cometidos a adultos mayores en la Ciudad de las Sombras.

La respuesta a un gran enigma acababa de tomar nombre. Pero, qué misterio escondía aquella mujer no detrás del mote de la “Dama del Silencio”, sino de su verdadera máscara… la de Juana Barraza Samperio, “La Mataviejitas”.

Escrito por José Eduardo Arcia Vilches. Derechos Reservados.

Bibliografía recomendada:

Servín, J.M., “D.F. Confidencial: crónicas de delincuentes, vagos y demás gente sin futuro”, Editorial Almadía. 

Siguientes entregas:

Sufrimiento, lucha y sangre: la historia de Juana Barraza Samperio.

Confesiones y ocaso de una asesina: la Mataviejitas.

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4 comentarios en “Sombras de una asesina: la Mataviejitas

    1. El proceso de descomposición es inmediato…imaginate la carga de olores de una persona fallecida. Es un relato con un imaginación…Saludos y gracias por tu visita!!! Tus comentarios hacen crecer al escritor. 🙂

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