Sexo, Tentaciones, Cigarros y Algo más…

Vengo de regreso, después de un año y medio de acumular nuevas vivencias, a traerles este nuevo escrito.

A mi me ha gusto la adrenalina, combinada con morbo, los lugares oscuros, el olor a sexo, las historias misteriosas y hoy decido hacer un homenaje a mis gustos y a esas pequeñas tentaciones vivas que me contaron sus historias, que convergen en una misma zona…Buenavista. 

(1) Melissa, la Tentación.

Dulce Tentación
        Noches de Tentación

Como todas las noches, tomaba mi bici desde la colonia Roma hasta Buenavista. La estación donde anclo mi bici se encuentra atrás de Suburbia (en la calle Jesús García), por lo que manejaba desde la Avenida Ponciano Arriaga hasta mi punto terminal.  Durante ese tramo, hay una particularidad entre las sombrías, tétricas y temidas calles de ese camino. En mi andar por esos rumbos he visto de todo tipo de personas que se paran en las calles y ofrecen sus servicios, predominando las chicas y los transexuales.

Una noche de esas, por cierto, muy fría, al dejar mi bici en la estación de Luis Donaldo Colosio, oía a los lejos un sonido, así como cuando los dientes chocan.  Cuando busqué de dónde provenía aquel sonido, me encontré con un cuerpo delgado y bien torneado elevado por unas enormes plataformas, una larga y brillante cabellera,  gruesos y rojos labios. Vestía solamente con una minifalda y un top. Pero había algo diferente en ella…bueno es que era él.

Me acerqué a ella.

-¿Estás bien?

-¿Qué no me ves que tengo frío?

Yo iba muy bien abrigado, y entre mi ropa, tomé la bufanda de mi cuello, me la quité y se la di.

-¡Toma! Póntela alrededor del cuello, y quizá te cubra un poco la espalda y los hombros. Es una bufanda larga. Y toma, espero esto también te sirva para que te compres una bebida caliente.

Su semblante pedante cambio a uno sorpresivo. Un tipo desconocido le estaba dando ropa y dinero para mitigar su frío.

-¡Oh bebe! Te agradezco el detalle, y sabes qué. Lo acepto hoy. El día no ha sido bueno. Hace mucho frío y los clientes no aparecen. Me sonrío y le dije adiós.

Después de ese día. Cada que pasaba por donde se encontraba nos saludábamos. Un día, me quedé platicando con ella de la vida. Su nombre es Melissa, de 21 años, soltera. Ella era de Puebla. Vino a la ciudad porque quería ser mujer y comenzaba con su proceso de cambio. Había estudiado hasta la primaria y a duras penas podría encontrar un trabajo, pero ella tenía un sueño, hacerse completamente mujer. Un día decidió entrar a este mundo.

-A mí me gusta el dinero fácil y los hombres con dinero. Alguno de ellos vendrá por mí y me hará su mujer.

¡Detrás de las sombras de la noche...hay una historia!
¡Detrás de las sombras de la noche…                                        hay una historia!

Fumábamos un cigarro. La plática se ponía intensa e interesante.

-Llegué a la Ciudad de México para ganar dinero y operarme primero las bubis. Ahorita estoy en proceso psicológico de volverme mujer y me están dando hormonas. Llegué a este lugar porque así nos asignan. Acá hay un orden que debe de respetarse porque sino las culeras nos corren o nos golpean. A mi me ha tocado ya madrearme con dos hijas de puta porque me estoy robando a sus clientes. Llevo dos meses acá y tengo más clientes que todas estas puchas caídas. A los tipos les encanta lo diferente. Muchos clientes me han dicho que aman como nosotros les hacemos los orales y gemimos como nunca. Somos pasionales, ardientes y damos un servicio de primera.  Aman lo que no tienen en casa. Oye bebe, antes que te vayas, me van a cambiar de zona, me iré a Puente de Alvarado. Si quieres seguirme viendo y que echar cigarro, me buscar por allá.

Cada plática era diferente, todas me entretenían, pues siempre distinta que contarme. Una noche de cigarro duraba treinta minutos. Muchos preguntarán por qué me contaba todo eso. Melissa me respondió: Por qué eres una tipo que me inspira confianza, me caes bien y además yo necesito contarle mis historias a un tipo. A veces necesito platicar con alguien diverso a mi mundo. Créeme, eres diferente a los demás, eres un buen tipo.

-Necesito sacar lo sucio de los clientes, que acá hay de todo tipo, desde jovencitos de 20 años hasta señores de 45. No hay relación que  cuide, hasta la más salvaje e intensa. Soy buena brincando en la cama, mis besos son deliciosos y mi cuerpo es la mejor inspiración para un orgasmo. Todos me desean, pero pocos me tienen. Hay un tipo que me prende, hasta siento que lo amo. Viene dos o tres veces por semana y me lleva en su auto a su casa, ahí tenemos sexo hasta que caemos rendidos. Paga muy bien mis servicios, aunque siento que soy una tonta porque me estoy enamorando de él.

Las noches de cigarro se pasaron a Puente de Alvarado. Cuando tenía ganas de platicar con Melissa, me desviaba de mi ruta y la encontraba frente al Vips. Ahí se volvió su punto de servicio. Muchos autos pitaban cuando pasaban a su lado, le chiflaban o se le acercaban a preguntar el precio de sus servicios. Ella cobraba 300 pesos por 20 minutos de relación. 2 posiciones y desvestida de la cintura hacia arriba. Si querías más tenías que pagar más, mucho más. Ella no era cualquiera, ella así misma se consideraba una loba.

Bailando bajo la noche
Bailando bajo la noche

Nuestra relación amistosa se tornó muy buena onda.  A veces, whatsappeabamos por las noches y me contaba de sus clientes. Ella comenzaba sus servicios a las 10 de la noche y los terminaba a las 6 de la mañana del siguiente día. Cuando no había mucha clientela, se iba con el grupo de amigas con las que vivía a los antros de la Zona Rosa. Bebía hasta ponerse ebria y se divertía con cualquier tipo que se le hiciera interesante. Ahí también ofrecía sus servicios. Cuando despertaba, abría los ojos, y veía el techo de una casa vieja en la colonia Guerrero, en un cuarto donde le era rentado por la comadre de su mamá. Sus ingresos se los gastaban en el pago de la renta de su cuarto, comida, sus pedas y comprarse una que otra garra para verse coqueta.  Una noche me pidió dinero prestado, tenía que pagar unas deudas y le faltaban 100 pesos. Tome de mi billetera y se los di. A veces la veía triste porque el negocio no iba bien por los operativos de la policía en los hoteles donde trabajaba, lo que ahuyentaba a los clientes y bajan sus ingresos.  A veces le llevaba una que otra prenda de vestir y la apoyaba con cash. Ella me lo agradecía. La ayudaba porque me gustaba escuchar sus historias y quizá con lo que le daba, pagaba esas palabras, pero también ayudaba a un ser humano.

Una noche, me preguntó si algún día intimaríamos en una noche salvaje y placentera. Yo reí.

-No Melissa, yo no le tiro a eso. Ha de ser divertido y placentero estar contigo, pero no, tengo chica. Pero  con lo que sí puedo asegurarte es que eres la onda y me gusta platicar contigo.

Un día me recibió con una noticia. Después de seis meses de conocerse, un cliente se había enamorado de ella y se la llevaría a vivir con él, la aceptaría tal y cual es, y hasta le ayudaría a cumplir su sueño: cambiarse de cuerpo completamente. La última noche de cigarro, acababa con un abrazo y un beso en la mejilla. Melissa me despedía, se iría a Guadalajara a vivir con su futuro esposo.

Hoy todavía tenemos contacto por teléfono. Hoy vive feliz, casada con su esposo. Le pagó su operación de busto y se ve increíble. Ahora ella se dedica a cortar cabello en una estética y dejó las noches de placer con desconocidos.  Hoy es una de las pocas historias de princesas y príncipes nocturnos envueltos de la tentación al amor.

Al poco tiempo, conocí a Ali, un ángel hecho tentación.

Continuará…

(2) Ali, un Ángel.

(3) Ana, la Sensual.

Escrito por José Eduardo Arcia. Copyright ©. Todos los derechos reservados

 

 

 

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