Confesiones en un hotel: una reina sin corona

En sala de un hospital, a las nueve y cuarenta y tres nació Simón,

Es el verano del 63, el orgullo de don Andrés por ser varón,

Fue criado como los demás, con mano dura, con severidad, nunca opinó.

Cuando crezcas vas a estudiar la misma vaina que tu papá,

Óyelo bien, tendrás que ser un gran varón.

Al extranjero se fue Simón, lejos de casa se le olvido aquel sermón.

Cambió la forma de caminar usaba falda lápiz labial y un carterón.

Cada persona es una historia
Cada persona es una historia

Era una tarde fría y lluviosa en la ciudad. Me subí al metro Pino Suárez, en la línea azul para dirigirme hacia allá. ¿Allá? Quizá lo estaba pensando mucho, jamás había hecho algo así, pero, valdría la pena entenderlas y hacer este relato. Dieron las ocho de la noche, me bajé en el metro Villa de Cortés. Pasé al Oxxo que está bajando el metro y me compré unas bebidas. De repente, entra una chava hermosa, compró unos chicles y se fue. Yo me quedé anonadado, no tanto por su apariencia física, sino porque era a quién yo buscaba. Salí y me la encontré en la avenida Tlalpan, estaba ahí, parada, con un sexy vestido, sonriéndome.

-Papacito, vi que me comiste con tu mirada. ¿Quieres ir?

Mis nervios no me dejaban hablar bien. –Sí, vamos. A donde tú me digas.

-Vamos a un hotel que está a cinco minutos de aquí. Tomamos un taxi, o si quieres caminando, está muy cerca.

Paramos un taxi en la avenida y nos fuimos al dichoso hotel. Llegando al hotel, se acercó una señora mayor. Me cobró doscientos pesos por el cuarto. Nos dieron la llave y el control de la televisión de la habitación 112. Subimos por un elevador y entramos al cuarto. El lugar era sobrio. Una cama matrimonial, dos buros, una tele, un baño pequeño y una cómoda. Nos habían dejado ya una tira de condones y hasta lubricante.

-Siéntate papacito, ponte cómodo. ¿Qué vas a querer hacer? Juguemos a que yo soy tu gatita, y tú mi domador…mis costos. Ah, olvidaba decírtelos. Quieres puro oral son trescientos pesos y si quieres penetración son ochocientos. Si me quieres ver toda desnuda son otros ciento cincuenta pesos más. El tiempo máximo para estar aquí son treinta

Mi nombre es Melany
Mi nombre es Melany

minutos. Así que decide ya, que no tengo tu tiempo.

Se quitó ropa, quedándose sólo en ropa interior. Su cuerpo era despampanante, pero…diferente. Yo moría de nervios, tenía un poco de miedo, pero yo iba a lo que iba y pues fue así que me decidí.

-No quiero nada de sexo chulita. Siéntate.

Sorprendida y molesta, me gritó.- ¡Qué te pasa hijo de la chingada! Para eso me haces perder mi tiempo.

-No nena, a ver tranquilízate. Sólo quiero platicar contigo. Toma.- Le di dinero, el suficiente como para que se calmara y me dejara hablar. La sorpresa invadía su cara.

-¿Qué quieres platicar? Sabes, jamás me había tocado un caso como estos. Pagan por un servicio y solo quieren platicar. ¿Qué? ¿Te sientes solo? ¿Tienes pedos y no tienes a nadie a quien contárselos o qué? Pues dale, que tienes treinta minutos para lo que quieras platicar.

Mi miedo bajó un poco. Le ofrecí una lata de las bebidas que había comprado y un cigarro. Ella aceptó. Se acomodó en un rincón de la cama, cruzó la pierna. La notaba más relajada. Yo me senté en un sillón del cuarto, tomé un sorbo de mi bebida, prendí mi cigarro y comencé la plática.

-¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes?

– Me dicen sabrosa, por tener unas ricas tetas y unas nalgas juguetonas. Mi edad. Mmm, la real o la que se me ve. La real son veinticuatro años, pero me cuido, para verme chula y buenita. Muchos piensan que tengo menos. Ah, y soy Melany.

-Okey Melany. Yo soy escritor de historias, más de esas historias que pocas veces se cuentan. Desde que te vi entrar en el Oxxo me quedé sorprendido ante tu porte y tu belleza. Era lo que yo estaba buscando y mira, te encontré…yo quería historias de un transexual y, una trans bien buena. Yo soy hetero, aunque, no te asustes, no soy discriminador de nadie, soy respetuoso de preferencias sexuales diferentes y tengo una mente libre y abierta. Así que no te preocupes, no es mi intención violarte o algo así.

Reímos los dos. Tomó un trago de su bebida y le dio un llegue a su cigarro. Sonrió.

-Qué sincero eres, caray. Qué alivianado. Pero apurémonos, el tiempo se nos acaba.

-Melany, ¿desde cuándo te sentiste una mujer?

Luchaba contra el machismo de mi padre
Luchaba contra el machismo de mi padre

-Desde pequeña, me cagaba vestirme de short y playerita. Siempre me encantó el rosa y el morado, dos colores femeninos. Yo no juagaba con niños, sino con niñas. Jugaba muñecas. Típico, al té, a darle de comer a mis muñequitas, ah, pero eso sí, todo a escondidas. Mis papás eran de una condición económica humilde, aunque mi papá se fue superando con el tiempo y puso una carpintería. Sufrí el maltrato de mi padre porque yo era el hombrecito heredero de todo su pinche machismo. Mi papá tenía sus amantes. Mi mamá no decía nada. Mi padre solo presumía a sus mujeres, mi madre guardaba silencio. Al verme joteando a los seis años, le daba coraje y me pegaba con el cable de la plancha, mi madrecita chula me defendía, pero al otro día mi papá humillaba y me hacía menos. Yo no sabía qué hacer. Continúe mi vida como hombrecito, algo afeminado, pero jamás haciendo una escenita cerca de mi padre. Mi madre siempre me quiso tal y como soy, ella sabía que yo me sentía niña, pero las dos guardábamos silencio. A los quince años siempre había soñado con una fiesta, una en grande y qué crees que hice. El día que cumplí años perdí mi virginidad con uno de los trabajadores de mi papá. Ese tipo siempre me había gustado, y yo sabía que le gustaba a él. Para esas fechas él tenía como veinte años. Era moreno, delgado, estatura media, manos grandes, no era guapo, pero tenía ese algo. Toda la noche, mis papás me estuvieron buscando, y yo perdiendo mi virginidad en la casa del tipo. La gocé, la disfruté, me hizo sentir mujer. Fue mi mejor regalo de cumpleaños hasta esa fecha. Pero, hubo un problema. Mi papá me descubrió a la mañana siguiente, y me golpeo salvajemente. Además a él lo corrió. Mi sonrisa no se borraba con nada, aún bañada de sangre, y eso le ardió. El tiempo pasaba, y conformé crecía, sentía que estaba en un cuerpo equivocado. Quería ser una mujer completa. A los diecisiete me escapé de mi casa. Mi padre me buscó para decirme que me daba una oportunidad de regresar, pero que si no lo hacía, jamás lo volvería a ver, y así fue. Me fui a vivir con una tía, hermana de mi mamá, hasta que poco tiempo después mi papá murió repentinamente de un paro, era bien pinche corajudo. Las dos nos sentíamos extrañas, pues nos liberábamos del machismo de mi padre pero estábamos acostumbrados a él y lo queríamos con todo y sus defectos. Pinche Juan, dice mi madre que ni en el lecho de su muerte me perdonó, ni modo. La vida tenía que seguir.

Atento a su charla, tomaba mi bebida y sacaba otro cigarro. Yo parecía psicólogo. Ella se recostó en la cama, viendo al techo. Me llamaba mucho la atención un tatuaje de mariposa en su espalda. En una ala tenía escrito el nombre de Antonia y en el otro de Juan…sus padres.

-Oye, y cuándo te decidiste operar.

-¡Uy!, fue la mejor decisión de mi vida. Pero espérate. Déjame continuar. Mi madre y yo seguimos con el negocio de mi papá. Cuando lo retomamos, vimos que tenía deudas y deudas y optamos por cerrarlo. Pagamos las deudas y sobró algo de dinero. Y ahí fue donde mi madre dio lo que sobró y me dijo “Vuélvete mujer”. Comencé a vestirme ya

Luchaba contra el machismo de mi padre
Luchaba contra el machismo de mi padre

como una chica, me sentía hermosa. Me dejé crecer mi cabello, mis uñas, me las pintaba de rojo. Hasta el día de mi operación. Sólo me alcanzó para operarme las chichis. Bonita chingadera, pero bueno, algo es algo. Mi operación me sacó unas tetotas 34C. Después de eso, todo cambió. Todos me miran, todos me ven. También me puse colágeno en los labios para verse carnositos. Mi hermoso cuerpo ya lo tenía casi completo. Pero faltaba algo. Quería una pucha, pero no teníamos más dinero. Ahí fue cuando decidí comenzar a trabajar. Pero encontré problemas…muchos problemas.-Melany suspiró y miró al techo.

-¿Qué tipo de problemas? ¿Discriminación?

-Algo así por el estilo. Legalmente era hombre, pero todos me veían como mujer. En el barrio me comencé a volver deseada. Todos me hacían proposiciones, me tiraban la onda, pero otros me aventaban cosas, me decían groserías. Al pedir trabajo, me veían con cara de fuchi, me decían que no era una imagen apropiada para la empresa, ni para los valores familiares, pero un tipo me propuso coger para ganarme un puesto, y acepté. A su salida, nos vimos, nos fuimos a un hotel y listo. Me dio la chamaba. Aunque a cada rato el pendejo quería coger. Pinche tipo enfermo. Por supuesto que lo mandé directito a chingar a su madre. En el trabajo, muchos me veían feo, me intentaban manosear, se burlaban de mí. Muchos creen que somos incitadoras sexuales y pues, unas si papacito, pero esos hijos de la chingada se pasaban de lanza. Todos me hacían menos, por lo regular yo era bien solitaria. No aguanté y decidí renunciar. Era más fuerte mi dignidad que aguantar a esos pendejos. Busqué otro trabajo pero no encontré nada. La discriminación y mi falta de escuela me cerraron puertas, pero no las patas. Ahí me cayó el veinte que los transexuales sólo caben en tres profesiones: imitadoras, estilistas o putas. Y adivina por dónde me fui, por la que deja más varo. Comencé así mi carrera de puta… a los veinte años.

Ser puta no es cosa fácil. Estar todas las noches, ahí parada, cansa. Por eso movemos de repente la patita y hacemos un baile. A diario lidias con personas mentirosas, con morbosos, chismosos, ojos alegres, otros pidiendo un aventón de a gratis, pero no, las paradas no son así. Para ponernos aquí tenemos que pagar cuotas, ya sabes, como en todo México hay que pagar impuestos. La verdad yo me siento a gusto porque estamos protegidas y no vienen otras pendejas a hacernos competencia. Cada quien tiene sus espacios y se respetan.

-¿Qué cosas locas has vivido?

-Tú crees que mi vida no es de locos. Francamente, te puedo decir que todos los días suceden cosas diferentes. No a diario me encuentro personas amables como tú. Mis clientes son de todo tipo de calaña, de todas las edades, de todas las nacionalidades, de todas las razas. En este mundo encuentras de todo. Sabes un secreto a voces del medio. Con nosotros acuden los que en el día son los más morales, de esos tipos de lo más machitos pero en la noche se vuelven todas unas maricas.

-Explícame eso, quiero entenderte.

Ser puta...cuesta
Ser puta…cuesta

-¡Pues papito! Recuerda, hay tres roles en las relaciones sexuales homosexuales, el activo, el pasivo y el inter. Dios me dotó con una tremenda verga que en ninguno de mis clientes he visto. Pues creerás, muchos que vienen conmigo no me cogen. Vete pa´tras papito… ¡yo me los cojo! Muchos tipitos vienen a sacar su lado homosexual pues me ven como una mujer, pero en su necesidad de sacar su lado oculto por la sociedad, ellos gustan de ser dados. Pinche bola de hipócritas. Vivimos en una sociedad muy machista, así como lo era mi padre; una sociedad donde el tema sexual es muy acotado por los tabúes y Dios, ah. Yo soy católica, creo en Dios, pero también creo Dios se equivoca. Pero bueno, así pasó el tiempo, y fui ganando lo necesario para irme manteniendo a mí y a mi amada mamá que siempre me ha apoyado. Este es un oficio, como te lo dije al inicio, muy perro. Aquí tienes que aprender a defenderte o te carga el palo. Fíjate, una vez, unos tipos me aventaron de huevazos desde su pinche coche. Otro, me citó, fui y me estaban esperando cinco cabrones. Salí directito al hospital de la putiza que me pusieron, pero gracias a Dios salí viva. Cuando fui a denunciar, creo salió peor, porque solo recibí discriminación, burlas y malos tratos. Me dijeron que me lo había ganado por ser una puta pendeja.

-Oye Melany, dime algo. ¿Y las enfermedades? ¿Te cuidas?- Mi pregunta fue directa y quizá difícil, porque en el medio de la prostitución es un tema muy recurrido.

-Mira-Se paró de la cama y se paró frente a mí- Ves todo este cuerpo divino de mujer ¿Tú crees que por un pinche descuido de mierda dejaría ir mi vida en una cogida? Muchos hombres me piden hacerlo sin condón. Pero eso jamás. Un cabrón me ofrecía el triple, pero por dinero extra no cambio mi salud, ni mi vida. Uno nunca sabe lo que vaya a tener. Cada seis meses me hago exámenes generales. Me cuido en todos los aspectos. Hasta cuando hago una simple wawis, lo hago con condón. Puedo decirte que hay más putas en un antro que se acuestan con el primer cabrón que les habla bonito y no se dan cuenta del riesgo al que se expone, a las putas que estamos en las esquinas. El medio nos requiere cuidarnos, en todo momento, de hombres y enfermedades. ¡Hey!, ya, nos quedan cinco minutos. Me la estoy pasando chingón contándote mi vida porque me desahogo de cosas, pero tengo que salir a ganarme el varo. Los príncipes azules no existen, ni el dinero fácil, hay que darle para ganárselo. Muchas lo hacemos por necesidad, otras lo hacen por placer, otras por obligación, aquí hay de todo, papito.

Fumaba un último cigarro. Sabía que el final de la charla llegaba inminentemente. Tomé el último trago a mi cerveza y le lancé la última pregunta.

-Y ahora, ¿cuál es el futuro planeado para Melany?

Ella suspiró. Yo no podía negar que veía una Melany serena y pensante.

-Esa pregunta me la he hecho muchas veces. La respuesta es muy cambiante. Mi sueño

Me coronaré cuando sea físicamente en su totalidad...una mujer.
Me coronaré cuando sea físicamente en su totalidad…una mujer.

más cercano y si Diosito me provee, es hacerme mi operación para quitarme todo este pedazote de verga que me cargo. Quiero mi hoyito por delante que el de atrás ya se está haciendo guango. Sí, abrir las piernas no es fácil, menos en mi condición de transexual. Soy una diosa emanada del quirófano, soy una mujer por donde me veas, y así seguiré hasta que Dios me recoja, quizá mañana, quizá hasta dentro de muchos años. No lo sé, pero ahora quiero seguir siendo feliz con lo que me he ganado a madrazos. Ya llegará el día en donde deje la profesión, porque el ser puta es todo un arte, y cuando eso pasé me dedicaré a hacer repujado y pondré otra maderería en memoria de mi padre y le regresaré a mi madre todo lo que me ha dado para tener este cuerpo. Soy una reina sin corona. Me coronaré cuando sea físicamente en su totalidad…una mujer. Esa es mi historia, así que servido papacito.

Nos paramos de nuestros asientos. La media hora se fue volando. Melany se veía en el espejo, toda una loba, sexy y sensual aparecía en la imagen del espejo. Ella se quería, era libre…era feliz.

-Oye, pagaste por una cogida y en lugar de eso solo platicamos. ¿No quieres mínimo una wawis? Digo, eres mi primer cliente del día.

Reímos los dos y nos apresuramos a salir. La acompañé de regreso. Me dio un abrazo y nos dimos mutuamente las gracias. Hoy puede entenderlas y este escrito lo hago con un gran homenaje a la chava que me leyó el libro de su vida y me ha dejado escribirles este relato.

Escrito por José Eduardo Arcia Vilches. Copyright ©. Todos los derechos reservados

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4 comentarios en “Confesiones en un hotel: una reina sin corona

  1. No mames las putas son putas porque les gusta la verga, los trans son pinches jotos que les gusta la verga, para que te complicas wey?

  2. Valla hombre que buena historia, siempre me pongo a leer me gusta escuchar historias cautivadoras y esta ah sido de las mejores, tiene de todo, y eso es lo que hace que la vida mueva a cada persona por que los sentimientos son parte de cada persona y el sentir dolor o amor solo es una forma mas de sentirte vivo

  3. Me gsutó la idea y creo que el tema es muy interesante y erótico, sin embargo siento que a ti como escritor te falta pulir tu escritura mucho más, tal vez si leyeras más o si fueras a talleres literarios te serviría. Hay un escritor muy bueno en internet, se llama Martín Petrozza, deberías ver cómo aborda los temas eróticos, tal vez te sirva. Saludos

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