Historias del Metro y la Oscuridad de sus Sombras

 

¿Me aventaré?
¿Me aventaré?

Las manos le temblaban, su cuerpo sudaba, sus latidos aumentaban, al igual que el miedo sentido por una gran incertidumbre. Su mente sólo recordaba aquellas imágenes que sus ojos vieron hacia unos minutos. Juan, un hombre pasado los cincuenta años, era conductor del metro. Un día de mayo, se preparaba para cumplir con sus labores y festejar dos grandes sucesos: la celebración del día de la madre y el nacimiento de su hijo. Los minutos pasaban, mientras Juan contaba las horas para salir apresuradamente a pasar uno de sus mejores días con su familia. Cuando anunciaba su llegada a la estación del metro Constitución de 1917, como es costumbre, tocó el claxon y visualizó a lo lejos una mujer acercándose a las vías. De un momento a otro, la mirada de Juan y aquella mujer, chocaron bruscamente. Él sabía lo que sucedería. Sus manos temblaban pero aun así activo de inmediato el freno de emergencia, era demasiado tarde… la mujer ya se había arrojado. Juan dio aviso de inmediato a la Puesto Central de Control para cortar el suministro eléctrico de las vías del metro. Una parte de la gente se amotinaba entre el andén y el convoy, querían saber si la mujer estaba viva o muerta; otros salieron asustados de la impresión causada por la impactante escena ocurrida hacia unos instantes; y Juan seguía dentro de la parte delantera del convoy, tomando con fuerza el freno de emergencia. Frío, pálido y con la presión alta, se quedó ahí, petrificado por la impresión hasta que el jefe de estación llegó y le pidió bajara. De un momento a otro, personal del ERUM, del Ministerio Público y los perítos arribaron al lugar. Elementos de seguridad del metro, desalojaron a la gente de los vagones y del andén para comenzar con el rescate del cuerpo, pues había una mujer sin vida debajo de las pesadas ruedas del metro. Días después de lo ocurrido se supo la identidad del cuerpo. Violeta, de 27 años, fue la mujer que se aventó a las vías del metro. Las causas, según una carta dejada en su hogar, fueron la separación con esposo y su precaria situación económica, vivida ya hacía unos meses atrás. Por otro lado, Juan fue tratado psicológicamente por personal del metro y estuvo de incapacidad durante un año por el trauma vivido.

Detrás de la oscuridad del túnel se encuentra...
Detrás de la oscuridad del túnel se encuentra...

Juan, jamás volvió a trabajar como conductor, ni a pisar aquella estación; tuvo que cambiar de trabajo aunque quedó marcado de por vida al recordar la profunda tristeza vista en los ojos de Violeta antes de lanzarse. Aquel día de mayo, una vida nació, una murió de tristeza y otra de culpa.

Datos y estadísticas tomadas del periódico “Universal”, un total de 26 personas fueron arrolladas por los trenes del Sistema de Transporte Colectivo (SCT) Metro tras haberse lanzado voluntariamente, durante el año 2010 y el primer mes de 2011. De acuerdo con la información proporcionada, se explicó que en ese periodo de tiempo, la Línea 2 que va de Cuatro Caminos a Taxqueña, es la que registró mayor número de suicidios; siguiendo el segundo lugar, la línea 3, que corre de Indios Verdes a Universidad: y en tercer lugar, la línea 1, que va desde Observatorio hasta Pantitlán. (Universal, 2011). Las causas de los suicidios son principalmente sentimentales, y en los últimos años la crisis económicas ha empujado a muchas personas a realizar su objetivo (suicidarse) que en el 96% de los casos es concretado.

El metro de la Ciudad de México es un lugar donde convergen diversos momentos tétricos, misteriosos, sucios, perversos, vandálicos, de ligue, violetos, sexuales, siniestros, oscuros, etc. La vida debajo de la gran urbe transcurre entre millones de personas que diariamente abordan el gran transporte colectivo, viviendo siempre a la expectativa de algún extraño o misterioso suceso aparezca ante ellos. Ahora he de preguntar ¿a quién no le pasan cosas extrañas en el metro? Contestando a la pregunta, puedo afirmar que ahí dentro es un lugar idóneo para vivir uno de los más extraños y escalofriantes misterios que encierran las entrañas de la gran urbe.

Pasada la una de la mañana, se escuchan...
Pasada la una de la mañana, se escuchan...

Las historias urbanas son parte de la cotidianidad de la ciudad, pero Teresa sabe lo ciertas que éstas pueden ser. Ella trabaja como empleada de limpieza del STCM, en el turno de la noche. Su trabajo es darle limpieza a las estaciones que le asignan día con día. Jaime, un vigilante de la línea 1, platicaba toda las noches con Teresa en los pequeños descansos que se tomaban. Una noche, Teresa y Jaime al platicar, oyeron a lo lejos, extraños sonidos provenientes del túnel. Ellos estaban en la estación Pino Suárez. Sus oídos seguían percibiendo aquellos extraños sonidos que aumentaban de tono, logrando distinguir que eran quejidos de una mujer. La mirada de los dos se cruzaban, sus caras pálidas reflejaban miedo y angustia, pues los sonidos se oían con un sentimiento de sufrimiento. Teresa y Jaime se tomaron de las manos de manera temblorosa, empezaron a rezar, pidiéndole a Dios terminará tremenda escena, cuando de repente, un hombre apareció entre la oscuridad. Los lamentos terminaron. Jaime reconoció aquel hombre que venía con una cara pálida, pálida, pálida; era Ignacio. Se acercó a él y lo tomo de las manos, se sentía muy frío. La mirada de Ignacio se hallaba perdida

. -Ignacio… Ignacio ¿Qué te sucede?

Ignacio respondía con murmullos y voz temblorosa, no dejando descifrar las palabras emitidas por su boca. Teresa yacía petrificada en su lugar, mirando con atención aquel momento.

 – Ja… Ja… Jaime, acaca cabo bode ve errr rr aaaaaa un nnnnnn naaaaaaa per sssooo naa naaa.

 -Ignacio, pero a quién viste. ¿Oíste lo mismo que nosotros? (Jaime se hallaba angustiado, intrigado, quería salir de ahí corriendo, pero no podía dejar ahí a sus compañeros).

Entre Teresa y Jaime intentaban subir de las vías a Ignacio. Pálido y sin palabras, Ignacio subió de manera torpe por una pequeña escalera improvisada localizada el inicio de la estación. Teresa corrió a su pequeña bodega, tomando de su mochila, un pedazo de pan de una torta hecha por su esposo. Corrió hacia donde estaban los dos hombres. Tomó el pan y lo introdujo a la boca de Ignacio que seguía pálido, frío y trabado. Teresa y Jaime se hallaban concentrados en sacarle una palabra a Ignacio cuando este abrió los ojos, mostrando miedo y señalando de nuevo hacia túnel. La mirada de Ignacio se volcó a las vías del metro; los tres voltearon y se quedaron impactandos ante lo que veían. Una mujer flotaba sobre las vías.

La mujer fantasma caminaba sobre las vías
La mujer fantasma caminaba sobre las vías

Teresa y Jaime comenzaron a rezar, Ignacio se demsayó. Un frío sucumbió a toda la estación; ellos lo sintieron. En un abrir y cerrar de ojos, la misteriosa mujer desapareció entre la oscuridad del túnel que lleva a la estación de la Merced. Muertos de miedo, Jaime y Teresa hicieron todo lo posible para sacar a Ignacio del andén y lo llevarlo a una oficina localizada en la entrada de la estación. De inmediato llamaron a un médico y al jefe de estación encargado del turno de la noche. Después de unos minutos, llegó Héctor, el jefe de estación, acompañado de un médico y dos policías más, pensando que habían tenido algún altercado con algún drogadicto, indigente o un malhechor. Mientras el doctor revisaba a Ignacio, Teresa y Jaime comentaron lo sucedido a Héctor y a los dos policias, que con mucha atención, oían lo que decían.

-¿Cómo iba vestida la mujer? ¿Qué apariencia tenía? ¿Cómo de cuántos años? ¿Cómo era su cara?

 Cuando comenzaron a describirla, Héctor se sorprendió mucho. De inmediato, fue corriendo a su oficina, saco una fotos y regreso a mostrárselas. La sorpresa fue mayor cuando reconocieron aquel rostro entre las fotos… era la misma mujer que vieron flotar en las vías. Héctor les comentó de María, una mujer de aproximadamente treinta y cinco años que se había quitado la vida hacia dos semanas en esa misma estación.

Debajo de la gran ciudad, se encuentra el misterioso metro
Debajo de la gran ciudad, se encuentra el misterioso metro

Los gritos de dolor y los profundos lamentos se oyen en la estación algunas noches, aun cuando sacerdotes, pastores, brujos, y demás gente ha ido a realizar misas para el descanso de María, no logrando nunca callar los sufrimientos y lamentos oídos todos los días por personal del STCM. Se dice que hay fantasmas que aparecen durante la noche; almas en pena que buscan alguien quien les prenda una vela, alguien que las reconozca, alguien quien les rece, alguien quien les llore, alguien quien las recuerde, pues según ciertos creyentes, las almas de las personas que cometen suicidio se quedan ahí, entre las paredes del metro, pasando a formar parte de las Leyendas Urbanas contadas cada día por los mexicanos que utilizamos este tan útil, pero misterioso medio de transporte.

 

Escrito por José Eduardo Arcia Vilches. Copyright ©. Todos los derechos reservados

***Fuentes de Información***

***Este escrito es creado en base a pedazos historias reales sucedidas en el Metro de la Ciudad de México.

Próxima entrega: “Metreando bajo las sombras: historias de sexo, vandalismo y ambulantaje” (Septiembre, 2011)

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4 comentarios en “Historias del Metro y la Oscuridad de sus Sombras

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