Bailando en el “Pa para americano”

Caminando por las calles del Centro Histórico, iba con mi mejor amigo buscando algún lugar para tomarnos unas frías a pesar del clima húmedo que hacía. El chiste de todo era celebrar que mi amigo y yo nos veíamos por fin después de mucho tiempo. De un momento a otro, vi mi celular para ver la hora, pero como buen adicto al internet, decidí abrir mi Facebook y me lleve una gran sorpresa: se despedía de mí la mujer que más había querido en la vida. Mi corazón se me partió en cachitos, las lágrimas no se hicieron esperar y mi autoestima calló inminentemente. Ya no tenía ganas de pensar en nada, pero sí, las ganas de encontrar un lugar para sacar mis penas con alcohol, eran aún grandes.Paseamos por todas las cantinas y los restaurantes elegantes para tomar un trago. La Ópera, el Cardenal, el Café de Tacuba, el Samborns de los Azulejos, entre otras, pero se encontraban repletas de gente por ser sábado. Mi desesperación aumentaba cada

El arte del baile en un tubo
El arte del baile en un tubo

vez más. Nos dieron las cinco de la tarde y seguíamos sin encontrar un lugar donde conbeber a gusto, hasta que pasamos en frente de un table dance.    

Oye, nunca he entrado a un lugar de éstos- le dije a mi amigo.

Yo algunas veces. Ahora recuerdo que el doctor Josué me dijo que este era uno de sus preferidos, qué te parece si entramos.

Las piernas me temblaban y el corazón se hacía sentir en mi pecho. Era la primera vez que entraba a un table dance, no importando la formación moralista que recibía todos los días, o los dogmas católicos que conozco desde que tengo memoria. Siempre he sido un chavo abierto a todo y por ello no me importo volarme la barda de la “moralidad” y entrar por morbo a un lugar al que muchos le llaman de mala muerte (eso dicen los persinados). De verdad, quería conocerlo y algún día en mí futuro decir: yo fui a un teibol.

 En la entrada, dos cadeneros altos, fornidos y mal encarados me pidieron  mi credencial de elector. Mi amigo y yo mostramos nuestras identificaciones, pasando después por una inspección de rutina por todo nuestro cuerpecito. Todo iba en orden. Detrás de unas cortinas, una linda edecán nos recibió e introdujo al lugar. Mi impresión fue grande cuando entre por primera vez al lugar que muchos le llaman “tugurio“.

Una gran cantidad de mesas y sillas estaban amotinadas alrededor de una pista en forma de cruz. En cada esquina de la pista estaba un tubo plateado. El ambiente era oscuro y un tanto tétrico para mí. Nos llevaron a una mesa y ahí, la edecán nos ofreció la carta. Otra de las sorpresas que me llevé fueron los precios. Nunca me había tomado una chela de cincuenta pesos. Mejor preguntamos por una promoción y pedimos una cubeta con cinco cervezas al precio de ciento cincuenta más el IVA (este último es incluido obligatoriamente en el precio por concepto de propina). 

Mis ojos vírgenes estaban perdiendo su castidad. A mi alrededor, en las mesas de a lado, había todo tipo de hombres con una mujer a su lado platicando, besándose, fajándose, viéndose o tomándose una copa. Otros estaban solos, viendo el espectáculo que acababa de comenzar en la pista. Unas mujeres subían a la tarima, haciendo bailes exuberantes. Iban vestidas con un corpiño, ropa interior, trajes de baño, tangas apretaditas, tops pequeños o algún atuendo exótico. Los ojos de mi amigo y los míos centraron su atención en aquellas mujeres que bailaban al costado de un tubo, haciendo movimientos sensuales que anonadaban la mente de cualquiera de los que estábamos presentes. Dos canciones eran parte del itinerario del baile. Una canción es dedicada para que las nenas bailen con ropa y

El máximo placer de la noche se encuentra en la mirada de una mujer

aumenten el morbo de los hombres. La otra era dedicada para bailar de una manera más sensualona y para irse desprendiendo de la ropa poco a poco y atraer más la mirada de los asistentes. “El enamorado”, canción de los Titanes de Durango, era coreada pos los clientes y bailada por las chavas. El ambiente del lugar se comenzaba a tornar un verdadero desmadre y yo, ah, a mí ya se me había olvidado un poco el problema de amor que traía arrastrando. Mi amigo y yo estábamos felices tomándonos unas cheves bien frías y viendo un espectáculo de primera.

Come te po’ capi’ chi te vo’ bbene

si tu lle parle miezo americano?

quanno se fa ll’ammore sott’ ‘a luna

comme te vene ‘ncapa ‘e di’ “I love you”?

La nueva ronda de chavas subió a la pista. De pronto mis ojos quedaron flechados maravillados con una hermosa chavita. Su cuerpo de colegiala me enamoro. Delgadita, chaparrita, de unos veintidós años (como yo), de larga cabellera oscura y una piel blanca como la seda.Mi amigo se dio cuenta de que me encantó la chava y de inmediato llamó a una boletera y le dijo que me había gustado la chavita de faldita azul, top blanco y cuerpo de tentación.

-Se llama Abril. Si quieres cuando termine de bailar te la traigo. Invítale una copa.

-¿De a cómo están?

-La sencilla 250, la doble 350 o si quieres una media copa 150. Pero ya sabes que todo es más el IVA.

-Déjeme pensarlo,ahorita le llamo para que me la traiga, gracias- le dije a la boletera de nombre Elena, mientras Abril seguía bailando, pero con ahora se había dado cuenta que mi mirada se dirigía exclusivamente a ella.
 
Pa pa l’ americano

Pa pa l’ americano

Pa pa l’ americano

Abril me había robado aquel corazón herido, haciéndome olvidar el mal de amores que traía. Su cuerpo se movía de una manera muy cachonda. Nuestras miradas se cruzaron una vez y no se volvieron a separar. Su cuerpo desnudo quedo al descubierto, dejando ver las maravillas que la naturaleza le concede a la diosa en cuerpo de mujer.

Whïsky soda e rockenroll

Whïsky soda e rockenroll

Whïsky soda e rockenroll

El bailar en un tubo es un arte que pocos aprecian
El bailar en un tubo es un arte que pocos aprecian

Había mujeres más bonitas y buenas, decía mi amigo, pero yo no tenía ojos para otra, más que para Abril. A él, le gusto una que se llamaba Monique (con el tiempo me hice cliente frecuente y vi el cuero de mujer que era).  La verdad si tenía un cuerpazo. La ronda terminó y las chavas bajaron de la pista para vestirse e irse a fichar o simplemente regresar con los clientes que les habían invitado una copa.

Ándale amigo, anímate, no importa que nos quedemos con los tres pesos para el metro. Pide a Abril.

-No lo sé, ah, es que… de qué platico con ella.

-De lo que sea, tú háblale, anda.

 Mi amigo insistía e insistía y mi decía estaba a punto de caer en la tentación. Al final de cuentas, acepté y le dije a la boletera que si me traía a Abril.  Los nervios recorrían mi cuerpo a mil. Las piernas me temblaban. Cálmate amigo, no pasa nada. Ella viene a ganarse una copa, te tratará bien. A lo lejos la visualicé. Ah, venía frente a mí, caminando con estilo, a pesar de sus plataformas.

¡Hola! (me saludo en la mejilla y me dio su mano, en la cual le di un beso de caballero).

Hola nena, ¿cómo te va?, es para mí un placer conocerte.

(Sonrojada) El placer es mío.

De repente se sentó en mis piernas y comenzamos a charlar. La plática fue amena, divertida y llegadora. Le platiqué sobre cómo llegue ahí, el por qué estaba triste, el cómo había dejado a mi ex novia y luego me arrepentí. Ella me contó de su familia, sus estudios, etc. Ahí las pláticas, las llevas dependiendo de ti, de tu forma de ser y de el carácter de ella. Una plática puede ser muy aburrida o muy divertida. En el transcurso de la charla, le invite media copa. Le dije que me disculpará por la media, pero no traía más cash debido a que no tenía planeado ir. Después de cincuenta minutos con media copa que aguanto conmigo, se fue de nuevo a bailar a la pista y sólo regreso para despedirse de mí, pidiéndome que regresara otro día para conocernos más. Cabe resaltar que durante toda la plática, no paso mi mano de sus pompitas hermosas y caricias en su angelical rostro. De un momento a otro, mi amigo pidió la cuenta y nos fuimos de ahí. En la salida, el cadenero te pide siempre algo. Le dimos cinco pesos y nos fuimos contentos, bueno, yo más que mi amigo. Todo el camino de regreso a casa fui recordando esa hermosa cara de “Abril” en septiembre. No olvido jamás su suave y dulce aroma.

Decidí regresar después con el afán de volver a ver a esa hermosa chava, pero me lleve una enorme sorpresa cuando volví un mes después y comencé una historia mucho más intensa porque ahí conocí lo que es el buen ficheo y la calentura a un máximo nivel.

Escrito por José Eduardo Arcia Vilches. Copyright ©. Todos los derechos reservados.

Siguiente entrega: Historias de Danzón y de Arrabal: Después del “Pa para americano”

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Un comentario en “Bailando en el “Pa para americano”

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